viernes, 30 de junio de 2017

EL CALVARIO DE LOS HIJOS ADOPTIVOS GLBT EN ECUADOR


Soy Leonel Vásconez Mortensen desde el 12 de julio del 2013 según el Artículo 84 de la Ley del Registro Civil; antes me llamaba María de los Ángeles. Soy adoptado

Leonel Vásconez Mortesen

Mi adopción empezó cuando yo tenía ocho  meses, el 5 de octubre de 1987; poco tiempo después pase a formar parte de este hogar formado  Mario Vásconez Guarderas su esposa Gladys Mortesen Mancheno, y una hermana mayor llamada María Soledad Vásconez Mortesen que también fue adoptada.

Desde pequeño, aunque tenía genitales femeninos  sentía en mi interior que era  un niño y cuando podía me vestía como mi papá porque mi mamá y mi hermana me obligaban a usar ropa femenina; solo cuando estaba solo podía actuar tal como me sentía y podía jugar con juguetes que generalmente gustan a los niños, mientras que con mi madre y hermanas adoptivas, mi vida era un tormento, ya que me obligaban a hacer y actuar como una persona de la cual yo no me sentía identificado. Igual pasaba con mis amistades infantiles, las cuales afirmaban que yo era una niña, aunque yo les respondía
- Yo soy un niño – No entendía en ese entonces  qué era lo que pasaba conmigo.

No recuerdo mucho de mi infancia junto a  mi madre adoptiva, pero sí recuerdo claramente la forma en que según ella me “corregía”. Ella usaba una correa ancha de cuero pero me golpeaba con la hebilla. Ella no entendía mi dolor ni sufrimiento, más bien decidió continuar con  sus correcciones, que en pocas palabras, se volvieron torturas, en los cuales tanto ella como mi hermana sentían un placer inmensurable al verme sufrir, pero siempre con el pretexto de que esa violencia me serviría para cambiar de acuerdo al gusto de ellas.

Varias veces los golpes fueron tan fuertes  que había constantes cambios de tampones caseros de papel en mis fosas nasales y no paraban hasta que tenían que llevarme al hospital para  que me cautericen.

Me sentía sólo porque el comportamiento de mi hermana adoptiva no era muy distinto al de mi madre putativa,  ella  en sus juegos  reflejaba toda la violencia  que aprendió de su madre  y al final, las dos me maltrataban. No existía amor ni respeto por parte de ellas hacía mí, peor compasión ni misericordia. Varias veces me hicieron cosas humillantes e inhumanas. Varias veces me mantuvieron encerrado en el cuarto o en el baño. Mi vida con ellas fue llena de miedo y  lágrimas. La violencia continua  era su única manera de descargar su odio en contra de mi persona, sobre todo porque yo era el más pequeño y más débil.

Lo increíble en este caso es que mi padre, más bien no le importaba el como yo fuera. El más bien me protegía, pero cuando mi padre salía de casa o viajaba,  las dos mujeres de la casa abusaban física y psicológicamente de mí

Para aumentar los abusos y las malas experiencias con  esta familia adoptiva, un hombre que trabajaba para ellos,  aduciendo que jugaba conmigo, me toqueteaba mis partes íntimas. Yo quería alejarme de él, pero mi familia adoptiva me dejaba sola con él, mientras ellos se iban los domingos a misa. No me llevaban a misa  porque para ellos era una vergüenza que yo entre en la Iglesia. De corta edad y sin nadie que me defendiera, lloraba muerto de miedo, sin encontrar consuelo al ver que los abusos continuaban.

Cuando cumplí 9 años me pusieron en un colegio de monjas donde no encajaba como era natural. Empecé a  sentir una atracción fuerte hacia una compañera y este sentimiento no podía compartirlo con nadie, así que lo escribí en un diario. Como mi hermana no respetaba mi privacidad y quería siempre minimizarme ante el resto, lo  leyó  y le contó enseguida a mis padres adoptivos.  

Después de que mis padres se enteraron de este asunto, sentí más rechazo hacia mi persona por parte de las féminas de la casa. Ante todo el dolor que sentía sobre todo  por sentirme abandonado y  no querido en esa casa, empecé a consumir alcohol; aunque era para amortiguar el dolor,  pensaba que era normal ya que mi papá adoptivo  me enseñó a tomar cerveza desde que era muy pequeño. La primera vez que me emborraché tenía 8 años y esto  sucedió en una comida familiar.

Lo anteriormente relatado, más el  tener que  reprimir lo que yo era realmente , todo por complacer a mi familia adoptiva a pesar de sus maltratos,  se convirtió en un infierno para mí que poco a poco  me fue llevando a una depresión crónica. Estaba tan afectado que le  pedía a Dios que me lleve. Por varias ocasiones trate de suicidarme. El sufrimiento había copado totalmente mi cuerpo, alma y espíritu.

Siempre sentí esa falta de afecto comprensión y apoyo de parte de mi familia; el vacío que tenía era tan grande que el alcohol fue mi refugio;  estaba tan deprimido y agobiado por toda la situación familiar que un día en mi cumpleaños llegué a la casa de mis padres adoptivos  esperando una felicitación pero ni siquiera se acordaron de mí.
Mis sentimientos suicidas eran constantes, era mejor morir a vivir lo que estaba viviendo con aquella familia.

Mi hermana adoptiva interesada más en las herencias, siempre hablaba en contra de  mí, sobre todo por  mi orientación sexual. En base a engaños   decidió encerrarme en una clínica para adictos cuyos miembros utilizaban  métodos crueles y violentos en contra de nosotros. Esa  clínica no era  calificada para la recuperación de las personas y ella lo sabía. Era simplemente un medio para sacar dinero y del cual ella se aprovechó para hacer creer sobre todo a mi padre adoptivo que yo me había ido con una banda de delincuentes.

Cuando salí de aquella clínica, no me dejaron regresar a la casa, y  mi madre adoptiva  dijo ante la Defensora del Pueblo refiriéndose a mi identidad de género.   -“No quiero saber nada sobré él, para mi está muerto”. Para muchos padres que se llaman adoptivos, si los hijos no salimos a su gusto, somos un objeto desechable el cual botar.

Últimamente estoy haciendo todo lo posible para que la gente sensible a mi caso y las leyes me  ayuden a recuperar a mi hija.  Llevo 7 años sin verla. He sufrido homofobia y abusos de todo tipo por parte de mi familia adoptiva especialmente de mi madre adoptiva Gladys Mortesen Mancheno  juntamente con mi  hermana “ María Soledad Vásconez Mortesen” que también es hija  adoptiva. Ellas  han violentado todos  mis derechos como ser humano conjuntamente con  los de mi hija.

Mi hermana adoptiva para no revelar que sus acciones eran movidas por la homofobia y sus ansias de heredar las propiedades de mis padre “Mario Vásconez Guarderas”, se inventó que yo consumía alcohol y drogas e hizo que me encerraran en una “clínica de rehabilitación de drogas” en dicho centro, como muchos saben por las denuncias públicas que se han hecho  sufrí maltratos físicos, psicológicos y emocionales.

Al escapar de la “clínica” fui a ver a mi hija en casa de mis padres y no me quisieron decir donde estaba. Volvieron a encerrarme en este tétrico lugar, mintiendo que un juez les dio la orden de ingreso.  Estando  yo privado de mí libertad, me siguieron un juicio a escondidas mías para declararme en interdicción (demente). Por mi situación de aislamiento no pude salir a defenderme durante un año.

Al salir de aquel centro  traté de todas las maneras posibles para poder ver a mi hija pero mi familia adoptiva  puso una prohibición de acercarme a ella en la Junta cantonal de Ambato aduciendo mentirosamente  que  yo la abandoné.

Tiempo después gané el juicio de interdicción y ellas  volvieron a apelar. Debido a que es una mentira que soy una persona demente, volvía a ganar el juicio y empecé todos los trámites legales para recuperar a mi hija. Es aquí cuando me entero que mi hija no vive con nadie de mi familia adoptiva sino con la señora que trabaja como  empleada doméstica puertas adentro en la casa de los padres del marido de mi hermana adoptiva.  Tengo miedo en este caso, porque el esposo de mi hermana adoptiva, en mi adolescencia abusó sexualmente de mí.

Dentro del proceso de reinserción familiar el juez determinó terapias psicológicas, para que se produzca el anhelado reencuentro con mi hija, a lo que mi hermana adoptiva a puesto mil y un trabas para que no pueda darse. Ella no lleva a la niña a  las terapias psicológicas.

María Soledad Vásconez Mortesen,  mi hermana adoptiva,   llena la cabeza de mi hija con ideas equivocadas sobre mí persona, acusándome de que soy drogadicto , ladrón y un largo etc, etc, etc de cosas negativas.  Su fin es  fin  utilizar a mi hija como atrapa herencias, ya que yo sí soy hijo reconocido propio por mi padre, Mario Vásconez Guarderas.

Lo que cualquier hijo adoptivo espera de una familia es  apoyo, cariño y comprensión, pero como soy transgénero  recibí todo lo contrario y además de eso, mi hermana y madre adoptiva utilizan a mi hija para objetivos protervos y perversos debido a la ambición desmedida sobre todo de mi hermana adoptiva.


Pido a la justicia, a los reporteros de medios de comunicación, a activistas GLBT, a todo tipo de personas y organizaciones humanitarias, que me ayuden a recuperar a mi hija y restituir mis derechos ya que esto de ser adoptado y a la vez persona trasngénero en nuestra sociedad es prácticamente quedar indefenso ante tanto abuso.

Para las personas que me puedan ayudar y  ampliar la información pueden comunicarse con

RED SOCIAL GLBTI
Celulares: 099 600 5055 / 097 872 1762      












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